Crónica de una consagración en la sierra: la ordenación episcopal de José Antonio Pérez Sánchez (1990)

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El 4 de abril de 1990, en lo profundo de la Sierra del Nayar, convergió la realidad de dos Méxicos: por un lado, la vida ancestral y marginada de las comunidades indígenas coras (náayeri) y huicholas (wixáritari); por el otro, el epicentro del poder eclesiástico y diplomático del país en vísperas del restablecimiento formal de relaciones entre el Estado mexicano y la Santa Sede. Aquel día recibió la consagración episcopal el fraile franciscano José Antonio Pérez Sánchez, O.F.M., designado por el Papa Juan Pablo II como obispo prelado coadjutor de la Prelatura de Jesús María.

La misión del Gran Nayar

Erigida en 1969, la Prelatura de Jesús María abarcaba un territorio agreste entre Nayarit, Jalisco, Durango y Zacatecas. Su primer pastor, monseñor Manuel Romero Arvizu, O.F.M., había sentado las bases de una pastoral misionera en condiciones geográficas de extremo aislamiento.

Hacia 1990, con la salud de Romero Arvizu menguada, el relevo recayó en fray José Antonio Pérez Sánchez, un religioso formado en Roma que asumía la encomienda de salvaguardar tanto la fe católica como el respeto a los usos, costumbres y lenguas de los pueblos originarios de la sierra.

La liturgia del 4 de abril: poder eclesiástico en territorio indígena

La consagración de Pérez Sánchez no fue una ceremonia rural inadvertida; congregó a las figuras más influyentes del catolicismo mexicano de la época:

  • El consagrador principal: Monseñor Girolamo Prigione, entonces delegado apostólico en México. Figura clave de la diplomacia vaticana, Prigione operaba activamente los puentes políticos con el gobierno de Carlos Salinas de Gortari para reformar el artículo 130 constitucional y devolver personalidad jurídica a la Iglesia.
  • Los co-consagrantes: Monseñor Manuel Romero Arvizu y el arzobispo de Guadalajara, el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.

Aquel día, el ceremonial romano se desplegó entre vestiduras tradicionales, tambores ceremoniales y gobernadores tradicionales de la sierra, en un contraste entre la alta jerarquía clerical y la austeridad franciscana que demandaba la geografía del Nayar.

ConsagradorCargo en 1990Rol en la ceremonia
Girolamo PrigioneDelegado Apostólico en MéxicoConsagrador principal
Juan Jesús Posadas OcampoArzobispo de Guadalajara (futuro Cardenal en 1991)Co-consagrante
Manuel Romero Arvizu, O.F.M.Primer Obispo Prelado de Jesús MaríaCo-consagrante

Girolamo Prigione, Posadas Ocampo y la sombra de 1993

Para comprender el trasfondo histórico de la fecha resulta indispensable observar la estrecha alianza entre Girolamo Prigione y Juan Jesús Posadas Ocampo. Durante la década de 1980 e inicios de los 90, ambos articularon una línea pastoral y política alineada con Roma, caracterizada por la interlocución directa con las cúpulas del poder civil y el repliegue de los sectores vinculados a la Teología de la Liberación. Prigione consideraba a Posadas Ocampo su principal aliado y operador local dentro del episcopado mexicano.

El Nuncio Apostólico Girolamo Prigione y el Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo (de frente de izquierda a derecha) comiendo junto a autoridades eclesiásticas en Jesús María, mpio. Del Nayar. 1990.

Apenas tres años después de la consagración en Jesús María, esa época de auge diplomático se fracturó trágicamente. El 24 de mayo de 1993, Posadas Ocampo fue acribillado en el estacionamiento del Aeropuerto Internacional de Guadalajara. El crimen —atribuido oficialmente a una supuesta confusión armada entre sicarios de los cárteles de Tijuana y Sinaloa— conmocionó al país, alteró el equilibrio político nacional y sumió a la Iglesia mexicana en un duelo del que derivaron años de controversias judiciales y teorías encontradas. Prigione, profundamente impactado, gestionó reuniones directas con narcotraficantes en la Nunciatura en busca de explicaciones, un episodio que marcó los últimos años de su misión en México.

El devenir de la Prelatura

Lejos de los reflectores de la política nacional y de las tragedias metropolitanas, monseñor José Antonio Pérez Sánchez asumió plenamente la prelatura en 1992. Durante dos décadas, su labor se concentró en la construcción de infraestructura básica, albergues para la niñez indígena, dispensarios médicos y la formación de liderazgos comunitarios, encabezando un ministerio de cercanía franciscana hasta su retiro por motivos de salud en 2010.

La ordenación de abril de 1990 perdura como una estampa histórica: el día en que la jerarquía que moldeaba el destino diplomático de México se internó en la serranía cora y huichola para consagrar a un pastor de frontera misionera.

Historia anterior

Visita del Senador Luis Donaldo Colosio al municipio de Acaponeta (22 de mayo de 1990)

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