Trabajó que fue un contento,Mas por insondable arcano,Vivió pobre y siempre hambriento.¡Dios te tenga de su manoRespetable Ayuntamiento!
Aquí reposa un Jefe de Sección.Hasta que tuvo el hombre ocupación.
Bajó de incógnito al foso,Los bigotes ocultando.—¿Quién era?—El güero FregosoQue murió de contrabando.
De un astuto ComandanteQue á la muerte dió recetos,Aquí están los espejuelos,¿Dónde dejaría el turbante?
—¿De quién es esta gaveta?—Yo te lo diré en secreto:Es la tumba de un sugetoQue vino aquí en bicicleta.
En silencio, sin bravatasY creo que hasta de repenteSe murió este dependienteDe un atracón de PATATAS.
En vida fué MefistófelesUn diablillo come il fautDe talle arrogante, esbelto,De aspecto conquistador,Fundador de “El Tepiqueño”Donde ha dejado un montónDe renglones desigualesLlenos de esprit ó de amor.No se sabe dónde, cómoNi cuándo se fué con Dios.En “El Correo de la Tarde”Murmuran que reventó.
Cuando supo Rafael que es este mundoTan sólo de las almas vil encierro,Con desaliento, con dolor profundo:”¡Yo ya vivir no querro!”Este mundo tan sólo está habitado”Por gentes sin conciencia, por perversos”Hablando así, con ademán airado¡El veneno apuró que eran sus versos!
Siempre pobre y dado al diabloJamás encontré descanso.Desde lo profundo os hablo:¡Rogad por el güero Manso!
José de Niza AdalidHa tiempo que aquí viviendoSe encuentra; más, como el CidQue, cadáver, fué á la lid,Él, ya momia, está escribiendo.
No te acerques á mí; en un eternoSilencio quiero estar, porque me aterraCualquier ruido que viene de la tierraDonde llegué por mi desgracia, á yerno.
La “Voz de Tepic” ha muertoDe un piquete de alacrán.Quiso imitar á San JuanPredicando en el desierto.
Mil instrumentos de músicaFabricaba Luis Morfín.La muerte le sorprendióAl ir a hacer un violín.
Ha muerto Lucifer por más que el CuraDiga que nó en la cátedra sagrada.Hizo ha tiempo su última diabluraY hoy no suena ni truena para nada.
Quiso “El Brioso,” lanza en ristre,Con “El Orden” contender;Pero éste, encaramándose,Como pudo, á una pared,Desde allí le hizo una señaMuy difícil de entender.Al Brioso, montado en cólera,Se le derramó la hiely aquí está. Viajero, rézale.Requiescat in pace! Amén.
Me encuentro aquí feliz, mi tumba es negra,Angosta, fría; pero ¡qué demonio!Vivo sin mi muger y sin mi suegra.
Calaveritas publicadas en el periódico “El Tepiqueño” en su edición del 3 de noviembre de 1894.
