Ulises Castrejón M. / Hemeroteca Digital de Nayarit.-¿Te imaginas que el evento astronómico del siglo ocurra justo encima de tu ciudad y una nube te lo arruine? Eso fue exactamente lo que vivieron miles de nayaritas el 11 de julio de 1991.
Revisando la hemeroteca, nos sumergimos en las páginas del periódico Meridiano del viernes 12 de julio de ese año. Las crónicas de la época nos regalan una radiografía fascinante —entre la decepción, el misticismo y los negocios— de cómo se vivió el histórico eclipse total de Sol en el estado de Nayarit.
Prepara tu máquina del tiempo, porque hoy te contamos los detalles más curiosos de aquel día en que el mediodía se convirtió en noche.
Tepic y la gran decepción: La lluvia que «eclipsó al eclipse»
Las expectativas en la capital eran altísimas. Desde temprano, el Sol había salido y la gente corrió a colgar su ropa húmeda en las azoteas. Sin embargo, minutos antes de las 12:07 p.m. (la hora señalada), el clima de Tepic hizo de las suyas: una densa nubosidad y una llovizna pertinaz taparon por completo el cielo.
A pesar de que nadie en Tepic pudo ver la famosa corona solar, la experiencia fue impresionante. Durante casi seis minutos, la ciudad quedó sumergida en una profunda oscuridad. Las luces intermitentes de los autos en el Libramiento se encendieron, las lámparas públicas se activaron y la fauna local se volvió loca: los gallos cantaron, las chicharras zumbaron y las bandadas de pájaros buscaron refugio en los árboles pensando que ya era de noche.

Psicosis y calles desiertas
Aunque hoy en día estamos acostumbrados a documentar todo con el celular, en 1991 la televisión era la reina absoluta. Debido a la intensa campaña de salud que advertía sobre los riesgos de quedarse ciego, muchas madres optaron por encerrar a sus hijos y ver el evento cómodamente (y de forma segura) a través de la transmisión de Jacobo Zabludovsky.
El comercio se paralizó, las oficinas gubernamentales suspendieron labores y las calles de Tepic parecían el escenario de una película desierta. Como dirían unos jóvenes de la época entrevistados por el reportero: «Con esas jodidas nubes, la verdad, no hay quien se quede ciego».
Moños rojos y rituales sagrados en Zitacua
Mientras en la capital reinaba la frustración por el clima, en las comunidades indígenas el eclipse se vivió desde una dimensión puramente mística y espiritual.
En la colonia Zitacua de Tepic, los huicholes se reunieron en su terreno sagrado para encender un fuego que llevaba dos días encendido. Su misión era sagrada: cantar y orar para ayudar a Tayau (el Padre Sol) en su terrible batalla contra la Luna (Metzeri). Para protegerse de las malas vibras, los asistentes se colocaron estambres rojos en la frente y las muñecas. De hecho, en colonias vecinas como la Prieto Crispín, era común ver los árboles adornados con moños rojos para conjurar los males del eclipse.
Por su parte, en Mexcaltitán, el curandero Isidro Medina de la Cruz explicaba que el eclipse era un recordatorio de cómo era el mundo en la oscuridad antes de ser creado, aprovechando el día para realizar limpias contra el «mal de ojo».

Una mina de oro para el turismo (y algunos abusos)
No todo fue contemplación. El eclipse provocó una oleada turística sin precedentes en el estado. El delegado de la SECTUR de la época estimó que entre 200 mil y 300 mil turistas (incluyendo científicos, periodistas e investigadores internacionales) abarrotaron Nayarit, dejando una derrama económica de más de 150 mil millones de pesos.
Lamentablemente, la enorme demanda también sacó el lado oportunista de algunos. Hoteles en San Blas, Tepic, Bahía de Banderas y Compostela, que normalmente cobraban 75,000 pesos por noche, subieron sus tarifas hasta los 250,000 pesos. Los taxistas locales no se quedaron atrás, cobrando hasta 500,000 pesos por un viaje a la costa, todo esto ante el ojo omiso de la PROFECO.
Ciencia y el fracaso del cohete «Mexcaltitán»
El eclipse también impulsó la ciencia local. Un día antes, el 10 de julio, se fundó legalmente el Taller de Astronomía de Nayarit, A.C., presidido por el gobernador Celso Humberto Delgado, con el fin de promover esta ciencia entre la población.
Sin embargo, la gran apuesta tecnológica de la UNAM en el estado no terminó bien. Justo a la hora del eclipse, se lanzó desde Aztlán de las Garzas (Santiago Ixcuintla) el cohete espacial «Mexcaltitán». Aunque el cohete funcionó perfectamente y subió 80 kilómetros hacia el cielo, los instrumentos científicos que iban dentro de la cápsula para estudiar la corona solar se rompieron al caer, convirtiendo el experimento en un rotundo fracaso técnico.
El saldo final
A pesar de los miles de carros que ingresaron al estado, las carreteras reportaron un comportamiento ejemplar (saldo blanco). Los únicos incidentes curiosos reportados durante los minutos de oscuridad en Tepic fueron siete choques menores, un pescador ahogado en San Blas y un descuido bastante peculiar en la colonia Santa Fe: un joven de 20 años dejó su pistola calibre .38 junto a la estufa donde su esposa cocinaba; el arma se calentó tanto que, al intentar agarrarla, se le cayó, se accionó sola y se dio dos balazos en la pierna. ¡Vaya forma de pasar el eclipse!
Sin duda, el 11 de julio de 1991 fue un día donde la naturaleza, la ciencia y la tradición chocaron en Nayarit, dejándonos historias que hoy, décadas después, siguen pareciendo sacadas de una novela.
Video grabado por Bruce Zissen del Eclipse Total de Sol desde la Playa de Los Corchos, Santiago Ixcuintla.
