Hace más de tres décadas, la madrugada del 11 de enero de 1990, la tranquilidad de la colonia Heriberto Casas en Tepic, Nayarit, se vio interrumpida por una estruendosa explosión en la calle Rayón entre Libertad y Trabajo. El sonido se escuchó en zonas alejadas, y el desastre resultante fue dramático: tres casas se derrumbaron, otras seis resultaron dañadas con vidrios rotos y puertas caídas, y ocho personas quedaron gravemente heridas. Las pérdidas materiales se estimaron en más de 500 millones de pesos.

La nota de la época, titulada «La Causa del Desastre; una Bomba PULSO», reflejaba la confusión y el misterio en torno al suceso. La causa del siniestro no se conoció de inmediato.
La Hipótesis de la «Bomba de Tiempo»
La residencia siniestrada, era propiedad de una persona que, según sus familiares, se encontraba fuera de la ciudad de México al momento del accidente. Este detalle alimentó la principal línea de investigación: un posible ataque intencional.
El comandante del Heroico Cuerpo de Bomberos, al revisar el lugar, descartó la explosión por gas ya que el tanque estacionario estaba en buen estado y sin fisuras, el área no olía a gas y los lesionados no presentaban síntomas de intoxicación. Ante esto, la atención se centró en la posibilidad de un artefacto, una «bomba de tiempo».

El dueño de la finca era conocido como dirigente estatal de los Juegos Electrónicos (máquinas «Tragamonedas») y se presumía que tenía muchos enemigos. El periódico Meridiano de Nayarit informó que este dirigente ya había sido baleado anteriormente por un desconocido. La pérdida material en su casa, debido a la destrucción de una infinidad de equipos «Tragamonedas», ascendió a varios cientos de millones de pesos. El director de la Policía Judicial, declaró que se estaba investigando el «tan misterioso desastre».
Fuente: Meridiano, 12 de enero, 1990, p.1,3. [Edición digital de imágenes y texto por Ulises Castrejón].
