Aticama: Más que un Destino Gastronómico, un Viaje por la Historia de Nayarit

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Una de las calles principales de Aticama en 1981. Foto: Ulises Castrejón M.

Ulises Castrejón M. / Hemeroteca Digital de Nayarit.-Si alguna vez has visitado el municipio de San Blas, es probable que el nombre Aticama te evoque el sabor de un ostión fresco frente al mar. Sin embargo, este pintoresco rincón de la costa nayarita es mucho más que un paraíso culinario; es un lugar donde el pasado prehispánico, la herencia colonial y la cultura popular se encuentran.

Hoy te invitamos a descubrir la fascinante evolución de Aticama: de asentamiento ancestral a la «Capital del Ostión».

  1. Un Pasado Escrito en Piedra (Época Prehispánica)
    Aticama no es un pueblo nuevo. Su historia comenzó mucho antes de los mapas modernos. En junio de 2023, el INAH confirmó el hallazgo de vestigios arqueológicos en la zona, revelando que este fue un punto clave para las culturas originarias. Se cree que su ubicación era estratégica para el comercio de sal y productos marinos, elementos vitales para las civilizaciones de la región.
  2. Vigía del Pacífico (Época Colonial)
    Durante el siglo XVIII, el destino de Aticama se entrelazó con el auge del Puerto de San Blas. Fundado en 1768 como la base naval más importante del Pacífico, San Blas necesitaba suministros y seguridad. Aticama funcionó como un punto de paso crucial y proveedor de recursos para las expediciones que zarpaban hacia las Californias, sirviendo también como una línea de defensa natural contra las incursiones piratas de la época.
  3. El Corazón del Ostión y el «Aticamazo»
    Ya en el siglo XX, el pueblo forjó la identidad que hoy lo hace famoso. La extracción del ostión de piedra se convirtió en un arte; los buzos locales desafiaban las rocas de la costa con técnicas únicas para recolectar este manjar.

De esta tradición nació el «Aticamazo», un platillo emblemático que mezcla la frescura del mar y que se convirtió en el pretexto perfecto para que miles de personas de Tepic y sus alrededores visitaran el pueblo cada fin de semana.

  1. El Nuevo Rostro: El Paseo de Aticama
    Hoy, Aticama ha sabido modernizarse sin perder su esencia. El antiguo sendero costero es ahora el Paseo de Aticama, un andador de un kilómetro que ofrece vistas espectaculares y conecta con la bahía de Matanchén. En este recorrido puedes encontrar dos homenajes fundamentales:

Monumento al Ostionero: Un tributo a los hombres que levantaron la economía del pueblo.

Estatua de Rebeca Méndez Jiménez: La mujer que inspiró la canción de Maná, «En el muelle de San Blas», y cuyas cenizas, según cuentan, descansan cerca de estas aguas.

Aticama hoy: Con poco más de 1,400 habitantes, este refugio costero sigue siendo el equilibrio perfecto entre la profundidad de su historia arqueológica y la calidez de un destino turístico en pleno crecimiento.

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