Quien camina hoy por las vibrantes y coloridas calles de San Francisco, Nayarit —mejor conocido como San Pancho—, se encuentra con un paraíso costero lleno de arte, cultura y surf. Sin embargo, bajo esa atmósfera relajada de la Riviera Nayarit, se esconde uno de los capítulos más singulares y ambiciosos de la historia de México: el proyecto de un «pueblo modelo» y la creación de la Universidad del Tercer Mundo.
Un laboratorio social en los años 70
Durante el sexenio del presidente Luis Echeverría (1970-1976), la política exterior mexicana buscaba posicionar al país como un líder entre las naciones en vías de desarrollo. En este contexto, se eligió a la pequeña comunidad pesquera de San Pancho para transformarla en un ejemplo global de autosuficiencia.
El gobierno inyectó recursos masivos para construir infraestructura de primer nivel: calles empedradas, un hospital moderno, viviendas planificadas, un complejo agroindustrial y, la joya de la corona, una institución educativa de alcance internacional.
Aulas entre palmeras y estudiantes de todo el mundo
La Universidad del Tercer Mundo no era una escuela convencional. Su objetivo era la solidaridad tecnológica y el intercambio de conocimientos prácticos. Sus pasillos y singulares instalaciones cónicas albergaron a jóvenes provenientes de América Latina, África, Asia y Medio Oriente.
Aquí, los estudiantes (muchos de ellos hijos de diplomáticos y líderes internacionales) aprendían técnicas de agricultura, economía y desarrollo social con la misión de regresar a sus países de origen y replicar este modelo de producción comunitaria y autosuficiencia.
El valor de la memoria visual
La memoria visual de este lugar resulta fascinante para entender nuestro pasado. Al observar y restaurar las fotografías de la época, donde resalta esa arquitectura tan particular integrada al paisaje tropical nayarita, se revela la verdadera magnitud de aquella visión. Preservar estos fragmentos de historia a través de la investigación documental y el rescate en proyectos de hemeroteca digital es un esfuerzo fundamental; es la única manera de asegurar que el legado y las transformaciones de Nayarit no se pierdan en el olvido, manteniendo viva la conexión entre el pasado y las nuevas generaciones.
Del abandono al renacimiento cultural
Como muchas utopías, el proyecto se enfrentó a la dura realidad de los cambios políticos y económicos. Con el fin del mandato de Echeverría y la llegada de nuevas administraciones en los años 80, los subsidios desaparecieron. La falta de experiencia administrativa y el retiro del apoyo gubernamental provocaron que el complejo agroindustrial y la universidad quedaran en el abandono.
Durante años, las instalaciones estuvieron en ruinas, siendo devoradas lentamente por la selva. Sin embargo, el espíritu de la comunidad de San Pancho prevaleció. Hoy en día, recorrer la Avenida Tercer Mundo —la arteria principal del pueblo— es un guiño directo a esa época. Los habitantes y colectivos han rescatado aquellas viejas bodegas y aulas abandonadas, transformándolas en vibrantes centros comunitarios, foros de arte y proyectos ecológicos.
La Universidad del Tercer Mundo cerró sus puertas hace décadas, pero de sus cimientos nació la Capital Cultural de la Riviera Nayarit.
