Por: Ulises Castrejón M.
Tepic, 28 de julio de 1894 — Una tarde dominical ordinaria se transformó en un escenario de caos, pánico y violencia cuando un grupo de peligrosos prisioneros perpetró un audaz y violento intento de fuga en el Hospital Civil de esta ciudad. El suceso, registrado a las 6:30 p. m. del pasado domingo, ha puesto en jaque la seguridad penitenciaria local y ha encendido las alarmas entre la población y los medios locales.
El Complot de los Enfermos
Diez reos que se encontraban internados bajo tratamiento médico en el nosocomio civil decidieron aprovechar su condición para coordinar un ataque sorpresivo contra su custodia. La peligrosidad del grupo no era menor: según informes posteriores, el recluso con la pena más leve cumplía una condena superior a los cuatro años de prisión. Entre los cabecillas y participantes identificados se encontraban Salomé Galindo, Pedro Laguna, Albino Carrillo, Gabriel Pérez, Reyes Torres, Ciriaco Morones, Longinos Navarro, y los hermanos Pablo, Antonio y Main Flores.
A pesar de estar desarmados al inicio, los prisioneros hicieron gala de una violenta inventiva. Desmantelaron sus propios camastros para utilizar las perillas de metal como armas contundentes, las cuales complementaron con un cuchillo y una pistola que, afortunadamente para las fuerzas del orden, se encontraba sin parque (descargada). Con estos objetos se abalanzaron brutalmente sobre la guardia de Rurales del 8.° Cuerpo que custodiaba el establecimiento.
Emboscada a la Guardia y Pánico en las Calles
La agresión tomó por sorpresa a los custodios. El saldo de la refriega fue severo para el cuerpo de seguridad: resultaron heridos el jefe de la guardia, el Sargento 2.° Rosalío Rico, así como los guardas Ramón Uribe y Luis Alvarez, registrándose además un contuso entre la tropa. Los rurales heridos tuvieron que ser trasladados posteriormente al Hospital Militar para recibir atención médica.
Mientras el ataque se consumaba en el interior, en las calles aledañas el pánico se apoderó de los ciudadanos. Los vecinos, al percatarse del violento tumulto, comenzaron a atrancar sus puertas en medio del clamor popular: “¡Auxilio, la prisión se ha fugado!”. En contraste con la alarma vecinal, trascendió la vergonzosa actitud de dos policías que se encontraban en una esquina inmediata al hospital; al ver la magnitud del motín, optaron por «poner pies en polvorosa» y huir hacia la plaza principal en lugar de prestar apoyo.
La Cacería y el Desenlace Mortal
La alerta llegó rápidamente a las comandancias militares. Un fuerte contingente integrado por el Teniente Coronel Mayor de Plaza, sus Ayudantes, el Teniente Coronel Comandante del 8.° Cuerpo Rural, junto con oficiales y un refuerzo de rurales, se desplegó de inmediato en persecución de los fugitivos.
La movilización dio resultados parciales al lograrse la recaptura de tres de los evadidos: Salomé Galindo, Pedro Laguna y Albino Carrillo. No obstante, el costo de la resistencia fue fatal. El balance del enfrentamiento dejó dos heridos y un muerto del lado de los prófugos. La baja correspondió a Salomé Galindo, quien dejó de existir a las ocho de la noche del mismo domingo a consecuencia de las graves lesiones sufridas durante la refriega y su captura.
Un llamado a las Autoridades
El violento episodio ha dejado en evidencia la vulnerabilidad del Hospital Civil como recinto de detención improvisado. El semanario local El Tepiqueño ha alzado la voz dirigiendo un enérgico llamado al General Jefe de las Armas. La prensa considera inadmisible que un grupo de criminales de tal peligrosidad sea custodiado por apenas seis u ocho elementos. La recomendación explícita es aumentar el destacamento a quince o veinte hombres de forma permanente, advirtiendo de manera tajante que, de lo contrario, la ciudad no tardará en volver a presenciar un derramamiento de sangre similar en sus páginas informativas.
Artículo basado en la nota «Un complot de prisioneros» publicada en el periódico El Tepiqueño el 28 de julio de 1894.
