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FERROCARRIL (1895)

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Imagen: Ulises Castrejón

El Tepiqueño, 2 de marzo de 1895.-A un colega local, Lucifer, pertenecen las siguientes líneas: «Se sigue diciendo con insistencia que el Ferrocarril Internacional, propiedad de ese capitalista emprendedor y tenaz que se llama Mr. Huntington vendrá, tendiendo sus rieles de Durango a San Blas.» «El alegrón que nos causa esa noticia no podría ser más grande. Sin embargo, hay que esperar antes de creer en semejante dicha.» «El asunto es de tal interés que me prometo volverlo a tratar con más extensión.»

Es buena la noticia, aun consignada como simple rumor, y estamos ciertos de que los comerciantes, manufactureros, industriales y agricultores, la reciben con agrado.

Hace doce años ¡cómo transcurre el tiempo! una compañía ferrocarrilera acometió la empresa de construir un tramo de vía férrea que, tendida de San Blas a la capital del Estado de Jalisco y pasando por Tepic, enlazara esta parte del país con el resto de la República. Algunos kilómetros de rieles abandonados en el camino de San Blas, son tristes recuerdos de aquel entonces y representan una esperanza fallida para los abandonados tepiqueños.

¿A qué se debió la paralización total de los trabajos? Hay distintas opiniones, al parecer fundadas, opiniones. Unos afirman que a la terrible epidemia que azotó, por los años de 1883 y 1884, las costas del Pacífico e hizo innumerables víctimas, hemos debido nuestro abandono, otros creen que la influencia de un profundo desaliento fue la causa y otros que los tristes resultados que se presagiaban para el futuro, creyéndose que San Blas inevitablemente seguiría expuesto año por año a los estragos de la fiebre, motivó la paralización antedicha.

Pero hoy esa creencia queda desmentida, la salubridad en la costa del Pacífico es relativamente mejor que en la costa del Golfo y lo prueba el hecho de que en Veracruz y otros puertos importantes el vómito se desarrolla periódicamente y los puertos del Pacífico, desde aquellos funestos años de 1883 y 1884, no han sufrido el azote de ninguna epidemia. Favorece también la idea de la construcción en proyecto el hecho de haber sido pacificada totalmente esta región que, en la época de la dominación de Lozada y aun mucho tiempo después fue teatro de sangrientas revoluciones que le acarrearon una fama nada envidiable.

A mayor abundamiento es ya notable el desarrollo que han adquirido, al amparo de la bienhechora paz, toda clase de manufacturas e industrias establecidas en las diversas localidades del Territorio y así mismo la agricultura, esa fuente inagotable de riqueza, ha recibido grandes impulsos y, aunque existe una considerable extensión de terrenos que no son cultivados por falta de actividad o por el temor de no alcanzar rendimientos y sí mal éxito, es creíble que la venida del ferrocarril destruiría todas preocupaciones, o haría renacer la confianza de que hoy se carece.

Hay más todavía: ¿No es una ventaja para cualquier compañía, que exista ya construida una regular extensión de vía angosta en el camino de esta ciudad al puerto de San Blas? Suponemos que nadie afirmará lo contrario.

Ahora nos falta lo principal: que el Gobierno nos mire con buenos ojos y nos imparta su protección, haciendo practicar la necesarísima compostura del único puerto de consideración del Territorio. En ello insistiremos siempre, siempre mientras tengamos espacio de que disponer y mientras nos anime la ambición de ver a Tepic encumbrado a la altura de otros Estados de la República, que por sus esfuerzos propios y también por el proteccionismo, del cual ni una mínima parte nos alcanza, van de progreso en progreso y siempre adelante.

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