Ulises Castrejón M./Hemeroteca Digital de Nayarit. — Los habitantes de la capital nayarita pensaron que el mismísimo Chuck Norris había dejado Texas para venir a impartir justicia (o patadas giratorias) a las tierras coras. Pero no, no se emocionen. No era la estrella de Hollywood, sino un espécimen local con mucho estilo, un Phantom rojo y una placa que, según él, le daba permiso de pasar por encima de la mismísima ley de gravedad… o al menos por encima de una manifestación.
Eran las 11:15 de la mañana cuando el asfalto de la avenida México vibró, no por un sismo, sino por la llegada de un automóvil Phantom rojo con placas REK2183. Del bólido descendió un sujeto que bien podría haber sido el doble de riesgo de Chuck Norris en una película de bajo presupuesto: pelo güero largo recogido en una cola de caballo, camisa y pantalón de mezclilla (el uniforme oficial del rudo) y unas botas negras que seguramente no eran para bailar jarabe tapatío.
Con la seguridad de quien se sabe dueño del mundo, el «Chuck Norris» tepicense se encaró con los colonos del Fovissste Luis Donaldo Colosio, quienes tenían bloqueada la calle porque sus casas se están hundiendo en terreno fangoso. Sin inmutarse por la rechifla, el sujeto soltó la frase que esperaba le abriera las aguas como a Moisés: «Soy agente de la PGR, quítense porque voy a pasar».
El Round 1: Chuck vs. La Banqueta
El «show» de nuestro héroe duró apenas unos 50 segundos de fanfarronería pura. Tras pasearse por la banqueta de Palacio de Gobierno saludando a diestra y siniestra como si estuviera en plena campaña electoral, decidió que ya había sido suficiente exposición mediática.
Abordó su flamante unidad, puso reversa con estilo cinematográfico y… ¡ZAS! El gran Chuck Norris fue derrotado, no por un villano, sino por la defensa de su propio carro que se atoró en la banqueta al intentar dar una vuelta en «U». La multitud, que no perdona, le regaló una sonora rechifla que seguramente se escuchó hasta la sierra.
La Huida y el Final de Película
Herido en su orgullo (y probablemente en la defensa del Phantom), nuestro agente federal de «cola de caballo» logró zafar el carro y huyó hacia la calle Abasolo, pasándose el semáforo en rojo, porque claro, las leyes de tránsito son para los mortales que no se parecen a los actores de acción.
Sin embargo, el destino le tenía preparada una escena post-créditos. Un oficial de Tránsito, Carlos Armando, quien aparentemente no es fan de las películas de Norris, lo interceptó cuadras adelante. Cuando el oficial le pidió la licencia, el «agente» se puso digno y se la negó. El resultado: le quitaron una placa al carro y, en medio del jaloneo con los colonos que lo alcanzaron, el pobre oficial terminó con una mano cortada.
Al final, se confirmó lo que todos sospechaban: el vehículo sí es propiedad de la Procuraduría General de la República (PGR), pero la identidad del «Chuck Norris» sigue siendo el secreto mejor guardado de la corporación. Tepic puede dormir tranquilo… o al menos reírse un rato de sus superhéroes de mezclilla.

